sábado, 2 de octubre de 2010

Párate bien

Yo entraba a la sala con la cabeza en otro lado, más que despreocupación era la atención a cosas importantes por las que iba pasando; talvez no problemas graves pero sí los asuntos del día que uno anda recordando de rato en rato durante las primeras horas. Pendientes que merecían mi atención. 


Sentí, como siempre, las miradas como balas y sin querer también las frases de cháchara entrecortadas por asomarse a ver quién llegaba, por reconocerlo y olerlo. Revisar si tenía llamadas perdidas en el celular me hizo ignorar completamente esta bienvenida canina. Me apresuré pero fuí cuidadosa en sacar todo mi material de trabajo, debía realizar una gran muestra gráfica y oral que tuve finalmente lista hacía unos días, me quedó chévere. Moví el taburete, acomodé podios, guié la luz y tomé herramientas para empezar. Debía concentrarme. 


Entre pestañeos recordé y le envié un mensaje de texto a un colega, le decía brevemente que compre los focos blancos como acordamos, habían papeles que ojear en la noche y la luz clara iba mejor. Empecé mi discurso de inmediato, no quería ser grosera y demorar o llevar a la audiencia al aburrimiento. Estando parada ahí noté con claridad el antiagasajo que me perdí al entrar por la puerta, talvez no fuí agradable en mi inroducción estudiada y repasada o abrí mucho la ventana, esa gente parecía hastiada, molestada hasta la mala intención. Mi curso me parecía fascinante y las palabras me salían como sin esfuerzo, también ayudó el haberme despejado ya de contestar llamadas telefónicas y del tema de los focos, me sentí relajada y de buen ánimo. Por lo menos no recordaba lo que probablemente estaba olvidando.


Concluí mi tarea por completo y guardé mis cositas, luego de retirarme era importante que me reuniera con unos amigos, mi cabeza volvía a atolondrarse como un horario sacado de Excel y estaba junto al escritorio esperando mis correcciones cuando agradecía los positivos y amables comentarios que el grupo no demoró en manifestar, yo respondía con las gracias y asegurando que no fue la gran labor, fue algo muy espontáneo y ligero que no costaba mucho trabajo. Insistieron en que les gustó.


Creo que es normal que nos zarandée un poco el mounstro espectador, pero he visto hasta gente llorar de pánico. Creo también que la situación es aglomeradora  pero no de otro mundo. A veces ese tonto pánico es sólo producto de los complejos del que te está mirando y juzgando y que vierte en tí, ¿no te das cuenta? ¿Acaso no haz visto cuando sale al frente el último de la fila? Es un marica. Parece que olvidaras que el que realmente se muere de miedo es el otro, que no cayeras en cuenta de que quien tiene el poder para jugar eres tú.

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