sábado, 24 de noviembre de 2012

No me importa ni un poco

Parecía que las cosas solas confabulaban para jugarme mal y también parecía que yo era su ridículo favorito.

Cuando quieres apartarte: se sabe más de tí que nunca, entonces piensan que así lo quieres.
Cuando quieres perder la comunicación: surge la necesidad de hablar y lo haces, entonces te creen loca y calculadora.
Cuando no quieres verlo: te lo encuentras por todos lados, entonces te cree acosadora y capaz de cualquier cosa.
Cuando ya olvidaste todo y estás en paz: te encuentras redactando despreocupadamente en tu blog personal y te das cuenta de que la fecha del día se presta a interpretaciones equívocas.

He llegado a un feliz lugar en el que ya no inquieta la idea de saber que los demás están pensando cosas de tí que no son ciertas. Ya no es que quieras o no que piensen o digan algo o nada, simplemente dejó de importarte hace mucho. Esto no me amarga, quiero a todos siempre.

Tengo cosas tan importantes y hermosas que hacer que dejó de importarme, no me importa ni un poco.

Noviembre y lo que es mío

Si me limito a narrar lo narrable no puedo eslabonar mis ideas y esto resulta imposible. En estos momentos me limito hasta en la intimidad de mi cabeza cuando me pongo a recordarlo porque pienso que eso es lo que debo hacer pero no me lo creo.

Una ironía
Una burla
Un castigo
El colmo más grande
Un robo
Un atropello

Lo he visto en frente de mí empapado de la belleza de los ángeles.
Algo me hacía sospechar de este Noviembre y algo ya me contaba cómo iba a ser todo, lo quiera yo o no. Ahora me desespero y pido que me devuelvan lo que es mío.
Esta entrada tiene un desorden similar al de mi mente cuando se le ocurre pensar en él y es un desastre.

jueves, 8 de noviembre de 2012

No sabrá

Se veía perfecto con la camisa verde agua.
Ya había calmado mi exaltación por verlo y mi día continuó apacible. Pasó economía, llegó el almuerzo y me encontré con Diego para comer. Más tarde nos sentamos cerca a la cafetería y en la compu de Diego empecé a ver fotos de él, esas ganas de buscarlo son un halago, un tipo de alabamiento, es como un cortejo del cual esa persona nunca se entera.
Empecé a ojear sus fotos con cautela extrema, como si estuviera segura de que iba a aparecer cerca e iba a pillarme y a mí no me iba a quedar salida más inocente que descubrir mi flechazo. Diego no paraba de decirme que me calme y que parecía una loca. Con una de esas fotos extendí mis brazos para mostrársela a Diego y que soportara mis amores. Pasaba esto y mi capacidad para ver hacia los lados me alertó de que él caminaba dos metros lejos de nosotros dirigiéndose al mostrador de la cafetería: LOCURÓN. Todos los movimientos con los que atiné a reaccionar fueron tan rápidos que no recuerdo el orden, sólo recuerdo que dejé de hablar, tapé la compu con tanta fuerza que a la vez cuidé que no se caiga, expulsé vocablos mínimos para que Diego entienda la situación y mis latidos empezaron a regularizarse.
Diego empezó a reirse mucho de todo esto, yo lo seguí y él jamás supo.